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Los niños que nacen y viven en cárceles de México y Latinoamérica

Incluso cuando viven hacinadas, el 60 por ciento de las reclusas de cualquier penitenciaría mexicana quedan embarazadas mientras cumplen su condena y, en algunos casos, lo hacen a propósito, para gozar de ciertos beneficios que la maternidad tras las rejas puede ofrecer, como habitar las celdas de los primeros pisos o evitar ser trasladadas a cárceles federales.

 

En México, hoy, aproximadamente 400 niños viven encarcelados junto a sus madres. La mayoría nació tras las rejas y todos tienen derecho a vivir con sus madres hasta que cumplan los seis años de vida. Según las estadísticas, durante este período, sufrirán la violencia entre reclusas, abusos de autoridad, angustia y depresión.

 

Para colmo de males, es sabido que tan sólo un 21 por ciento de los niños que viven en cautiverio son visitados por sus padres o algún otro familiar y tienen, eventualmente, la posibilidad de conocer el mundo exterior. El resto, sólo conoce los confines de cuatro paredes y a sus madres, ya que no les es permitido jugar con otros niños.

 

 

El futuro para los niños nacidos y criados en prisión en tan sombrío como su presente: cuando cumplan los seis años de edad, mientras que sus madres seguirán en la cárcel, ellos pasarán a la órbita de las autoridades del Sistema para el Desarrollo Integral de la Familia, vivirán en algún albergue y deberán tener mucha suerte para insertarse en un sociedad que les dio la espalda antes de nacer.

 

La situación de estos niños se replica en todo Latinoamérica, e incluso puede ser más grave, según el país. En Guatemala, los pequeños viven hacinados, con alimentación deficiente e higiene paupérrima. Las celdas en donde se alojan no son individuales y duermen en barracones. El país no cuenta con presupuesto ni leyes que protejan a estos niños.

 

En Bolivia, según datos de la ONU, son 2 mil los niños que viven en cárceles desde su nacimiento, en espacios reducidos y condiciones de hacinamiento. El sistema penitenciario del país permite a las reclusas convivir con sus maridos en las celdas. Para subsistir, las madres trabajan en tareas como lavandería o cocina, dentro de la cárcel.

 

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Fuente: culturacolectiva.com
Imagen: https://www.facebook.com, Shutterstock, Inc., Por Radiokafka