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La cruda realidad de las presas embarazadas del Reino Unido

Si una mujer está embarazada en una prisión del Reino Unido, su vida puede convertirse en un infierno. Alrededor de cien niños nacen en prisión en  esta zona del mundo y las circunstancias de los embarazos son tan duras que a veces incluso ellas mismas deben limpiar los restos de su aborto espontáneo.

 

Los miedos propios del embarazo pasan a ser un trauma aterrador para las reclusas. Desde el momento en el que se enteran que serán madres, saben que lo más factible es que les quiten a sus hijos a las pocas horas de haberlos parido, para volver a sus celdas cuando el cuerpo aún no se acostumbró a no tenerlos dentro.

 

Al no haber leyes que provean de derechos a las reclusas embarazadas y no tener garantizados los cuidados médicos, sus bebés están expuestos en mayor medida a nacer con malformaciones o incluso morir durante los meses de gestación.

 

Maddie pasó todo su embarazo en prisión y lo vivió como un momento de total incertidumbre y ansiedad. Sus miedos eran los propios de una embarazada, pero completamente exacerbados por los descuidos que tenía en la cárcel. “Estaba paranoica con que nadie me ayudaría en el momento del parto, con que podría tener un aborto o con que incluso nadie llamaría a mi familia cuando estuviera por dar a luz”, cuenta.

 

Además, durante su embarazo nadie la trato de forma diferente por su estado. Recibía los mismos controles que las otras reclusas y jamás tuvo una clase prenatal ni un colchón más cómodo para aguantar su panza. Si lloraba se enojaban con ella y no recibía ayuda. Su única suerte fue que cuando la apresaron por intentar contrabandear drogas para una amiga en prisión, le redujeron la sentencia por estar embarazada.

 

Una vez que tuvo a su hija la trasladaron a la prisión de Eastwood Park, en donde había un pabellón para madres, donde podían compartir sus días junto al bebé. “Solo hubiera deseado que no hubieran esperado a último momento para decirme que iba a poder quedarme con ella en la prisión”, afirma.

 

El máximo problema con las mujeres embarazadas es que en prisión no cuentan con ningún cuidado. Tienen que lidiar con la noticia durmiendo en camas duras y frías, comiendo platillos poco nutritivos y desayunos que no son compatibles con las náuseas matutinas. Más de dos tercios de las mujeres que pasan por esta situación terminan padeciendo depresión por el trato y la tristeza que les produce lo que están viviendo.

 

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Fuente: vice.com
Imagen: YouTube.com